Sin miedo a perder
Lo pensé suficientes veces y siempre me convencía de que no debería hacerlo, pero al final mi impulsividad, esa que un día me llevo a conocerte, me dijo ya no queda nada que perder, igual así te muestres digna, cero intensa y muy madura no va a volver. Entonces, aquí estoy desahogándome.
Tal vez ni lo leas o pienses que no es para ti sin embargo te quiero decir que
lo difícil no es olvidar lo compartido sino añorar lo que nunca ocurrió, no es
para suponer que me enamore porque sé que es un sentimiento mucho más poderoso
y tal vez lo que siento ahora es desconcierto, frustración y algo que se
atraviesa con el autoestima, porque por muchas veces que me lo repita no logro
entender las pseudo razones con que argumentar la despedida, y es que a quién
se le ocurre alejarse de aquello que dice sentir le hace bien, o de alguien que
buscaba robarle no más que sonrisas, pero vaya que me cuesta entender que hay
gente que no se arriesgue a ser feliz.. y sabes por qué me cuesta? Porque no te
creo, no creo en tu miedo por enamorarte, ni tus mil ocupaciones que te dejan
sin tiempo, ni tus sensatas razones por seguir solo, cuando constantemente
muestras tu falta de afecto y huyes de la Soledad. Siempre apoyaré las verdades
dolorosas, esas que cargadas de cinismo son sinceras y quedan retumbando en la
memoria, construyen muros en el corazón y nublan los ojos, pero son reales. Me
quedo con esa realidad, sin máscaras ni adornos, no con aquel que queriéndose
ir no tiene el coraje de despedirse. Nadie se merece la incertidumbre que
ofrece quien solo busca jugar, ni tan poca esperanza que no supere el miedo,
pero sí la suficiente que conserve la ilusión.
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